“El agua es la base de la vida. El ODS 6 conlleva la promesa de una mejora drástica de la calidad y la esperanza de vida en algunas de las naciones más pobres del mundo. Si declaramos que el acceso al agua limpia, potable y segura constituye un derecho humano básico, nos corresponde a todos la responsabilidad de proporcionar la infraestructura y el apoyo necesarios para lograr alcanzar el ODS 6.” Lo anterior es parte de la declaración de la ONU que habla del objetivo de desarrollo sostenible seis, el cual motiva a «garantizar la disponibilidad de agua y su gestión sostenible y el saneamiento para todos».
La sequía producto del cambio climático y el crecimiento de la población, son los principales factores para buscar propuestas de generar recursos hídricos. Chile es un país con atributos para la instalación de plantas desalinizadoras, al estar en un territorio geográfico con una costa de 6435 km. La Asociación Chilena de Desalinización (Acades) durante enero de 2023, elaboraró el primer catastro de plantas y proyectos de desalinización de agua de mar, encontrando 31 plantas en funcionamiento y en etapa de proyecto, de las cuales: 22 estaban operando, seis en construcción, tres con aprobación ambiental y 12 en evaluación preliminar.
La sequía en nuestro país pareciera tener un carácter estacional. Entre las distintas soluciones para abastecer a las comunidades de este servicio esencial, se encuentra la desalinización, proceso fisicoquímico utilizado para eliminar los minerales contenidos en el agua de mar o agua salobre convirtiéndola en agua dulce. La Comisión Nacional de Riego, define desalinización como «el proceso por el cual el agua de mar, contiene 35.000 ppm de sales, y las aguas salobres, contienen de 10.000 a 5.000 ppm, se convierten en agua apta para el consumo productivo, humano e industrial llegando a menos de 500 mg/l (agua potable)».
Existe una demanda por agua fresca, sobre todo en los procesos económicos de materias primas, como el sector minero, agrícola, acuícola y forestal, siendo las mineras las que tienen mayor necesidad de producción de agua dulce y en consecuencia instalan mayor cantidad de plantas desaladoras para enfrentar sus propias limitaciones, cerca de un 80% son proyectos de minería. Dentro de sus complicaciones, está que los centros de demanda hídrica están alejados de la costa, en zonas de mayor altura y tras su instalación deben invadir una importante cantidad de espacio geográfico.
Existen diferentes tecnologías para desalar agua de mar, el método más usado es por ósmosis inversa. Para el funcionamiento necesita varios procesos: sistemas de captación de aguas, pretratamiento, acondicionamiento químico, desalación, postratamiento, sistema de evacuación de salmueras, tratamiento de efluentes. La estructura que se debe instalar en un amplio espacio geográfico, el vertido del agua de rechazo con retorno de un alto contenido de salmuera al medio marino costero, más el concentrado con otros compuestos como cloro, cobre; es lo que se ve cuestionado en las tecnologías de la desalinización.
Para la ONU, el entorno donde llega la salmuera tóxica, es llamado zona muerta, si no se disuelve se asocia a una disminución en el contenido de oxígeno en el lugar, donde muy pocos animales marinos pueden vivir. Nos acercamos a dos expertos Claudio Sáez Director del Centro Hub Ambiental de la Universidad de Playa Ancha y Verónica Molina Directora General de Investigación del mismo centro, para conocer de sus estudios y experiencias sobre el impacto que puede producir en la vida de organismos marinos, sensibles a los cambios en la salinidad de los ecosistemas.
Para Verónica Molina en su experiencia como oceanógrafa, «la desalación en sí, hay que verla con una mirada general y multisistémica», es necesario que las empresas transformen su mirada y logren contribuir a la red urbana, con aportes hacia las comunidades, la importancia también está en el control de donde se instalan, cuáles serán las medidas de mitigación, que técnología usan. «Cuando una desaladora se instala en un buen lugar donde uno pueda ver en la costa que existan suficientes corrientes que permitan dispersar rapidamente esas salmueras, se puede generar una estrategia sostenible para el ecosistema».
Claudio Saéz nos comenta, «la salmuera suele tener el doble de salinidad del agua de mar». Hay organismos que se adaptan mejor a la salinidad, pero ese efecto va estar supeditado al área de influencia. «En Chile tenemos una costa que es abrupta, con profundidad, tenemos la corriente de Humboldt, fenómenos oceanográficos que favorecen que la mezcla sea disuelta muy rápido, hemos detectado con modelaciones de equipamiento para medir salinidad en distintas desaladoras de Chile y hemos encontrado que entre cinco y 20 metros se diluye y se llega prácticamente a la salinidad del mar, el efecto en general es muy pequeño».